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miércoles, 20 de julio de 2016

LOS VINTAGES PERDIDOS..para siempre.

Nací en un mundo que estaba a punto de cambiar, aun en mi casa al sur de la ciudad permanecían perpetuos, objetos de un ayer que se resistían a ser sustituidos por las nuevas tecnologías y las nuevas formas que el mundo ya estaba planteando; aún se tenía la típica alacena, los muebles viejos, los documentos de la infancia de la generación anterior, la ropa que aun podía ponerse una vez más. Yo herede muchas de esas cosas y muchas que me pertenecieron más aun. La era vintage que llego a principios de esta década siempre me hizo pensar en todo lo que perdí en los diferentes estropicios, y todo lo que deje ir en la vida, por muchas cosas; durante esta era, he conseguido algunas de ellas en aras de las colecciones mismas, pero más aún en aras del recuerdo y solo para reivindicar eso que fue; pienso por ejemplo en los televisores de bulbos de los años sesentas que había en la casa, asi como la enorme consola sky line, que tenía un radio y tocadiscos, y que entregue al camión de la basura cuando tuve que irme del sur al norte de la ciudad, cuando ya era necesario; pienso en ese radio Crosley que me dio mi tía mesenica, para que lo desarmara en mi intento infantil de aprender electrónica; pienso en mis Cards de la Guerra de las Galaxias, guardadas con mucho celo, solo durante un tiempo; en las piezas de vajilla y demás recuerdos que había en la vitrina de la casa; en las piezas de ropa puestas una sola vez para los diferentes momentos importantes de la vida de todos; en las innumerables tarjetas, cartas, esquelas y notas de la caja de mi abue; en las notas escritas en la parte trasera de la puerta del ropero desde que inicio la familia y que describían las fechas importantes de todos; en mis cajas de juguetes, regalos de reyes, regalos varios y cumpleaños; en mis propias colecciones aquí narradas y que se perdieron en dolorosos momentos de la vida.

La era Vintage lleno el espacio de dolor que dejaron esas ausencias, pero solo un poco, los Vintages perdidos, jamás regresarían ya.


Fig. 1. No hay imagen, porque lo perdido, se perdió.

NOTAS ADICIONALES A LA ENTRADAS ANTERIORES . . . 3

La revista, minirevista, historieta o minihistorieta o comic o minicomic: “Minimilagros”, fue una de las muchas revistas periódicas que se publicaron en México a finales del siglo XX, aparentemente el formato en el que se publicaban (1/8 carta), resolvía dos cosas: por un lado la facilidad de portarlas en un bolsillo de la camisa o el pantalón -de ahí el apelativo: "revistas de bolsillo”- y por otro lado reducir costos para aumentar productividad y ganancia. El Numero uno de la revista Minimilagros fue publicado el 22 de Mayo de 1978, número que se regalaba en la compra de alguna otra revista de tiraje regular de la misma editorial -costumbre que se mantuvo por años en las editoriales mexicanas- este primer número, fue publicado por la editorial EDPA -editorial de la Parra-, editorial que había surgido de otra, creada por Yolanda Vargas Dulche y Guillermo de la Parra: editorial Argumentos “EDAR” en los años cincuenta, y que posteriormente a finales de los años setentas se convirtió en la histórica editorial VID; editorial en la cual se vio el auge y caída de este tipo de publicaciones periodicas, pues aunque primeramente se llegó a tener un apogeo en cuanto a los argumentos, dibujos, portadas, y posteriormente durante los difíciles años de la crisis de los ochentas un decaimiento.

Es en 1985, cuando el tamaño clásico de bolsillo aumenta ligeramente de dimensiones con la permanencia del nombre original: Minimilagros, pero pocos números después, el tamaña cambia a ¼ de carta y el nombre se modifica a Maxi-Milagros, nombre con el cual, algunos números después, la revista desaparece en pos de otros títulos que comenzó a publicar la para entonces ya Famosísima Editorial VID.

Fig. 1. Encabezado de la Revista "Lagrimas Risas y Amor", 
de la original editorial EDAR

Fig. 2. Encabezado de la Revista "Minimilagros", 
de la editorial EDPA.

Fig. 3. Encabezado de la Revista "Minimilagros", 
de la editorialVID.


jueves, 14 de julio de 2016

en vista de todo... RECUERDOS DE ACAPULCO...7 (FINAL)

Acapulco llego a representar siempre algo en mi vida, fue al principio la enarbolacion de un nacionalismo exacerbado, fue por algún tiempo la envidia cuando toda la familia iría sin mí; fue después las vacaciones y los fines de año con estruendo, luego fue una nueva oportunidad para la felicidad, y al final fue la meta por una vida mejor.
Y un día, después del último viaje de amor, sencillamente, se acabó.

martes, 12 de julio de 2016

MIS CARTELES DE CINE

En estos días, en que tanto estuve investigando entre los recuerdos de mi familia sobre los famosos cines de San Angel, y que me di cuenta de que casi nadie los recuerda -ni eso y creo que casi nada- me acorde mucho de que en esa época, solían colocar en vitrinas, en todos los cines a los que fuimos, unos carteles en donde se promocionaban las películas que se exhibían o que se habrían de exhibir, eran los famosos "Carteles de Cine", aquellas reliquias que comenzaron con el cine mismo, en las salas de finales del siglo XIX.

Mi colección de carteles de cine, comenzó mucho antes de la era Vintage -declarada oficialmente en noviembre del 2011- y de una manera triste; comenzó después de que mi hermano se fue -o huyo, según se vea- en ese tortuoso año de finales de los 90. 

Habíamos ido al chopo -Tianguis Cultural del Rock- desde hacia mucho tiempo atrás, a buscar música, vídeos y libros, y el día que él se fue, me quede solo… y así fue que inmediatamente después lo único que me quedaba, era “el Chopo”.

Fui “solo” en varias ocasiones después, escuche mucha música, vi muchos vídeos, me porte mal muchas veces, conocí a muchas personas, platique con los amigos de mi hermano, escuche muchos grupos famosos y no famosos que nunca lo fueron y otros que si, cambie muchos buenos discos y me arrepentí muchas veces leí grandes libros y encontré ese puesto, al inicio del tianguis, en donde tenían los carteles de cine, pero extrañamente, en esos días jamas compre ninguno, y luego mi vida dio un giro mas y deje de ir al tianguis.

Algunos años después, mientras la era vintage no comenzaba aun, fui de paseo a la ciudad un sábado por la mañana y caminando me dieron ganas de ir al Chopo, en aras  del recuerdo, asi nadamás; me recibió el inconfundible olor... y el puesto al inicio del tianguis; por esos dias, yo estaba enfrascado en una colección de películas y dado que un cartel de cine podría ser un buen adorno para mi casa, compre uno, solo quería uno que permitiera adornar, sin quitar el ambiente minimalista que entonces tenía mi casa, y así fue que el cartel de cine de la película "El Planeta de los Simios", se fue conmigo esa mañana. Cuando lo vi colgado en un cuadro en la pared, la historia cambio una vez más.


Conseguí -recupere según mi filosofía- muchísimos carteles de cine, de muchas épocas y de muchos tipos, y como muchas cosas en la vida, solo se lo debía a mi hermano, aunque en este caso  -por su necedad de querer huir- el tiempo después, daría su amargo veredicto.


Luego la era Vintage llego; muchas visitas se hicieron entonces al "Tianguis Cultural del Chopo", y a muchos tianguis más, la caja con la "Colección de Carteles de Cine" se fue llenando, pero mi hermano ya jamás regreso.

Fig. 1. El primer Cartel.




domingo, 10 de julio de 2016

UN SUEÑO.

Si algo ha caracterizado mi vida, es por un lado, la gran relación que han tenido mis sueños con la realidad tangible; y por otro lado, mi gusto inquebrantable por querer que los grandes sueños se cumplan; paso muchas veces, fue el motor para grandes planes, grandes tragedias y también grandes aventuras; y cada vez que un sueño intenso ocurre, obligo a mi mente a no borrarlo, para intentar hacerlo realidad; como hace unos días que estaba soñando:

un camino en medio del campo y yo recorriéndolo en mi auto,
y luego un puente en mal estado me obliga a detenerme,
y comienzo a caminar para buscar ayuda y me siento en la entrada de la primer casa que encuentro,
tiene unas ventanas grandes a través de las cuales se ve el interior,
se ven muchas cosas regadas, botes de pintura y cajas, muchas botellas, y entre todas ellas, una comienza a atraerme,
fijo bien mi vista y es nada más y nada menos que un ejemplar de las primeras botellas de Pepsi que se hicieron en México;
lleno de emoción, llamo a la puerta, quiza quieran vendermela; pero nadie sale, parece que los dueños no están;
decido esperar su regreso, pero pasan largas horas y nada;
de pronto, una señora que pasa por ahí, me pregunta si acaso busco a alguien,
le explico la situación, ante lo cual, la señora me dice que la casa está ya abandonada,
que si lo deseo puedo entrar, pero que me recomienda no hacerlo pues “han pasado cosas muy extrañas” dice…
Mi deseo por el objeto me hace ni tan solo reparar en lo dicho,
y simplemente abro la puerta, no tiene candado ni seguro la chapa de la entrada,
me acerco a la ventana retiro las cajas que están encima de las botellas,
y un sobresalto casi me derrumba… 
¡¡¡es la caja de mi colección de botellas, son mis botellas!!! ¡¡¡es mi colección!!!.

Aun no terminaba de amanecer cuando el sueño aquel, me obligo a despertar, y aunque parezca absurdo, salí corriendo a la galería de mi casa en donde se encuentra mi colección de botellas antiguas, retire unas cajas que estaban encima y puede ver que las botellas estaban a salvo, intactas tal como las había dejado tiempo atrás. Y de pronto la “revelación”: quitar cajas de encima.. la colección oculta bajo muchas cosas...

El sueño no me llevaría al otro día a la búsqueda de una botella antigua o algo así; el sueño había sido sencillamente una revelación, había llegado la hora de volver a valorar las cosas que ya tenía. Así de sencillo, por algo las tenía, y por algo mi mente me había llevado a ese camino, que no era más que el de mi realidad por esos días.


Fig. 1. Parte de la Colección de Botellas antiguas.

sábado, 9 de julio de 2016

LAS FUENTES...

Las Fuentes Brotantes, eran un lugar además de cargado de historia familiar, un lugar lleno de magia y de historia, no solo por la intervención del General Cárdenas para agregarlo como parque nacional en los años treinta, no solo porque ahí desemboca aun el único manantial proveniente del Ajusco; sino porque ahí suceden casi todos los eventos de mi vida en el sur, antes y desde antes; las fuentes son: la llegada de los antepasados desde Irapuato, las fiesta de cumpleaños de la infancia, los paseos en la vera de su lago esperando la salida del mitológico cocodrilo, la larga espera en la piedra encantada en espera de lo desconocido, las quesadillas y las mojadas en su riachuelo; las fuentes son todo; sin olvidar que ahí revise mi primer cinta de súper 8 mm cuando comenzó la era vintage, y de ahí salimos al cine a ver el reestreno de la película de Cantinflas, “El Bombero Atomico”, la película -de 1952- de la cual apenas hace días compre una serie de anuncios… que cosas, las fuentes siempre estarán ahí y su magia… también. 
Fig. 1. Uno de los varios carteles de cine 
comprados hace tan poco.

MAS DE FAMOSOS Y MÉXICO Y MIS RECUERDOS DE LA INFANCIA. . .

Vivir en el sur de la ciudad, antes, era una experiencia bastante cándida; era estar en un rescoldo que se oponía a la idea de pertenecer a ese monstruo llamado “la ciudad”; se podía aun caminar por en medio de la calle y realizar fiestas en los parajes de los bosques; andar en las empedradas calles del centro de Tlalpan y disfrutar la tarde en los prados de las “Fuentes Brotantes”… pensé en ello aquella vez que estando en un museo, en la exposición de los impresionistas, me deslumbraba por las obras de Monet personaje que jamás estuvo en México, aunque siempre quiso conocerlo, no solo por su afán del colorido nato de aquí, y por su deleite por las plantas exóticas del trópico mexicano, sino por su inquebrantable gusto por lo extraño… lo pensé entonces y lo recuerdo ahora que viene a mi mente las pinturas de Joaquin Clausell, de las Fuentes Brotantes, las pinturas impresionistas que realizo cual emulo de los paisajes de Monet, las inigualables imágenes de ese México que fue, de las Fuentes Brotantes,  si aquel pedazo de paraíso que la ciudad guardo para sí, aquel lugar de las mil añoranzas de la infancia, de las aventurillas de juventud y de los nostálgicos paseos después del estropicio. Monet nunca estuvo en México, pero Clausell, lo ligo con él, con el impresionismo y con la eternidad.
Fig. 1. Las fuentes, que vio Clausell.