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domingo, 24 de junio de 2012

LA HISTORIA COMIENZA . . . 3

Fue hace algunos años… 5, 8, ni la memoria me alcanza para estar seguro; lo único que si se es que es un dia desolado, de tal manera que estoy caminando solo y por ende triste –podria ser acaso de otra manera- en el norte de la ciudad, en otras calles, otros edificios y otro tianguis; otros puestos, otro negocio, son o comida o ropa o discos piratas que anuncian con amplificadores a todo volumen; y es también ese pequeño puesto que tendido en la calle, tiene cientos de cosas usadas de uso domestico; hay planchas, licuadoras, candelabros, algunos cubiertos de inoxidable; hay casetes y vhs, quizá recuerdo cartuchos en formato beta y muy escondido un “2-XL”, uno de los sueños de mi infancia primera; aquella en donde tener un 2-XL, implicaba el pertenecer a una clase a la que no pertenecía, o un sacrificio titánico de los padres, que no hicieron; o ganarlo en la catafixia en el programa del Domingo al que jamás fui; en suma un juguete que jamás puede tener, ni aun de cerca pues la única posibilidad que tuve de poder “platicar con el “ fue precisamente en la casa de unos familiares que si eran de otra clase, y que cuyos padres si enviaron la carta a San Angel Inn, solicitando boletos para ir a la grabación del programa.
Y a pesar de todo esto, no pague los 80 pesos que 20 años después costaba el 2-XL en el tianguis del norte de la ciudad; estaba caminando solo y por ende triste, y por ende un juguete –supuse- no podría cambiar mi historia.
Luego, días después, el domingo, el mundo se arregló y en una de las clásicas ironías del destino que en mi vida ya eran la constante, apareció en un revista dominical un reportaje del 2-XL, elogiando su tecnología, su amplia difusión de la cultura en los niños de los 80, su diseño, su vanguardia, y su ahora nueva posibilidad de conservarlo como objeto de culto, en suma un VINTAGE.
Ya no hablo del arrepentimiento y ganas de correr que me entraron entonces; y de la ansiedad que de ese domingo, al jueves siguiente  tuve.
Espere entonces, llego el jueves, se puso el tianguis, no así el puesto; la historia se repitió, regrese el jueves siguiente, y luego pasaron muchas semanas sin que recordara el caso; cuando al fin todo coincidió –jueves, tianguis, puesto y yo- era demasiado tarde, el señor don vendedor, lo había ya realizado semanas atrás en otro tianguis, en otro día, en otro lugar, y fin.
Tuvieron que pasar 5 u 8 o no se cuantos años mas para que la historia comenzara.

 Fig 1.  el famoso puesto del tianguis de los jueves
Fig 2.  Poster del original 2-XL