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miércoles, 10 de septiembre de 2014

PARA QUE SIRVE LA COLECCION

Mucha gente escucha música  y  descarga videos de internet, ve la televisión,  sale de paseo; otros juegan en sus consolas y salen de fiesta cada que se puede diario;  a mí también me gusta la alegría de escuchar una buena canción mil veces, ver una gran producción de video, y también tomar una buena página de un gran libro y leerla una vez más, admirar una gran obra de arte y caminar sin rumbo fijo; pero también adoro la peculiar sensación de escuchar un disco a 78 rpm en una victrola, ver la imagen a 24 cuadros por segundo de una cinta de cine de 8mm, observar el funcionamiento de un viejo robot de lámina. Así es la vida, una sucesión de eventos algunas veces buenos y algunas veces malos, algunos planeados otros fortuitos, así es la razón de la colección, como parte de la vida, una sucesión de eventos: una búsqueda, una adquisición, la limpieza de un objeto, su puesta en marcha, su reparación, su restauración, su admiración.. y así se acompañan los grandes momentos de la vida, ver pasar los días, disfrutar del trabajo, compartir con la gente que se ama, lograr los objetivos, caerse y volverse a levantar, intentarlo mil veces salga o no, caminar y vivir, y como para mucha gente el telón de fondo es multicolor, es la familia, es la escuela, es la fiesta y además para mí, los objetos de mi colección, la inquebrantable dulzura de tener algo que fue.
Entonces esta entrada más que para las personas que a menudo me preguntan: ¿para qué?, es para mí, para reivindicar una vez más la idea de que solo haciendo algo que se ama, se llega a ser feliz, para no olvidar jamás que todo tiene un orden y una importancia, y que a pesar de estar en su nivel la fiesta, o la diversión o el aprendizaje o la colección,  todo forma parte de la vida; así y solo así.

Fig. 1. Un detalle mas

jueves, 4 de septiembre de 2014

PEQUEÑO TESORO



En el mundo del coleccionismo, específicamente del coleccionismo vintage, los pequeños “detalles adicionales” de algún objeto se magnifican, casi al grado de decir que son tan importantes y a veces más que el objeto por sí mismo. Esos pequeños “detalles adicionales” que en algunos casos solo son: pequeñas variaciones, versiones anómalas,  una etiqueta, un accesorio, la caja, o una garantía alcanzan  esos niveles; tan es así que en el mercado vintage, algunas cosas de esta indole llegan a valorarse como verdaderos pequeños tesoros.
Cuando mi colección vintage dio comienzo, una búsqueda frenetica al interior comenzó: las cajas al fondo del desván, los cajones, los portafolios, los folders, etc. se hurgaron minuciosamente en busca precisamente de esos pequeños detalles que habían estado ahí por años; recordaba haber visto entre los papeples que dejo el abuelo, documentos de este genero: instructivos de viejos trenes, cromos cortados de alguna caja para hacer una anotación en la parte de atrás, notas de compra. Especialmente recordaba una garantía Lili en donde unos técnicos en caricatura arreglaban un auto a escala. Pero exactamente nada encontré, todo había pasado al cesto de la basura en uno de esos arranques obsesivos de limpieza que alguien en mi infancia debió haber tenido.
Luego la colección creció y creció y durante este tiempo trate de encontrar en los largos días de búsquedas algún material de este tipo, casi nada encontré tampoco: algunos afiches, algunas cajas, solamente.
Y ese día de Julio que no sabía que hacer –una vez más- y que andaba caminando por Cuauti, algo encontré al fin… el pequeño detalle, la garantía buscada, el documento que adorna ya pomposamente un anaquel de mi colección, el “Pequeño Tesoro” había llegado; estaba en el tianguis de Cuauti, ese martes, en el  fondo de una bolsa con varios trenes, muchas vías, mucha ilusión, estuvo ahí mucho tiempo, probablemente por décadas, seguramente esperando y hasta quizá, esperándome.
Fig. 1. Parte de la Garantia.