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viernes, 17 de junio de 2016

RECUERDOS DE ACAPULCO 5 . . .

Había en la casa un tríptico de los “Yates Fiesta y Bonanza”, que trajeron mis tíos, de su luna de miel en Acapulco; se habían casado unos meses después de que yo nací.  De niño vi muchas veces ese tríptico, todos lo vieron, era uno de esos objetos que rodaban por la casa todo el tiempo, formaban parte del mobiliario normal; aparecía entre las vajillas de la alacena, o encima de un ropero, o en una caja de fotografías; además del tríptico, también estaban las anecdotas que habían traído y que nos hacían desear mucho, de niños, el querer dar ese paseo por la bahía de Acapulco en el Yate Bonanza, que fue en el que ellos estuvieron. 
Llegamos directo al Hotel, y de ahí directo a la alberca y de ahí directo al mar, y así en un ir y venir esos días en esas ultimas vacaciones todos juntos, aun de niños; vivimos todo lo que siempre quisimos vivir, el día que toco el añorado Paseo en el Yate  Bonanza, solo estaba en servicio el otro, el Yate Fiesta, el otro, estaba en "Mantenimiento"; cuestión que no menoscabo nuestra diversión ese día; sin embargo, en mi fuero íntimo, me quede un poco con las ganas de haber estado en el otro, en el Bonanza.  

Para la vida, aun era temprano, muchas cosas pasarían después, reflexionaba aun, muchos años después mientras caminábamos por la cubierta de ese "Yate Bonanza", que ya solo era nuestro.


Fig.1. Triptico informativo de los Yates Fiesta y Bonanza, semejante al que hace alusión la entrada anterior; este es un triptico actual, justamente del viaje al cual también se hace alusión en las entradas anteriores, notese en la linea de flotación del barco que esta impresa junto a la demás información, una dirección web.

NOTAS ADICIONALES A LAS ENTRADAS ANTERIORES . . .1

LAS TARJETAS POSTALES…1
Las tarjetas postales o llamadas sencillamente: “Postales”, a las que hacen referencia las entradas anteriores, son los documentos creados desde finales del siglo XIX para enviar mensajes simples por correo sin la necesidad de un sobre; comúnmente son tarjetas de cartón o algún material semejante, la parte frontal puede ser un paisaje del lugar en donde se compró la Postal, o una imagen relevante del lugar como algún ideograma o un emblema, escudo o alusión gráfica, inclusive imágenes religiosas y decoraciones varias; la parte trasera suele estar dividida en dos secciones, una para escribir el mensaje y la otra para asentar los datos del destinatario, remitente y el timbre y sello. Estas postales en su edición clásica solían ser aproximadamente de 3 por 5 pulgadas, aunque jamás se estandarizo el tamaño, y por otro lado se crearon formatos más grandes y más pequeños. En México hubo muchas empresas-imprentas que se dedicaron a crear tarjetas postales, con la mayor cantidad de las técnicas de impresión que se fueron  desarrollando; pasando desde la fototipia, la litografía, la impresión ófset, la impresión fotográfica simple, e incluso las impresiones coloreadas a mano; muchas de las marcas que dieron fama a las Postales Mexicanas de mediados del siglo XX, sucumbieron ante las tecnología de principios del siglo XXI, y su uso profuso de otros medios de mensajería instantánea.

Fig.1. diferentes tipos de postales: arriba-izquierda Postal genérica de zonas arqueológicas de México, tamaño grande; arriba-derecha, postal del cerro de la Bufa, Zac., en tamaño regular; abajo-izquierda, sobre con 20 postales de San francisco Cal., en tamaño regular; abajo-derecha, postal de Tapachula Chiapas en tamaño pequeño.



jueves, 16 de junio de 2016

DE COLECCIONES . . . 4

Hubo un momento, cuando niño muy niño, en que algo debió llamar fuertemente mi atención para incluso salir de mi propio ostracismo aspergeriano, ese algo se focalizó en una imagen, un libro, un cuaderno, cualquier imagen; fue la época en que Abuelito me llevo a conocer los museos, las iglesias, las galerías. Esa focalización se convirtió prontamente en lo que fue mi segunda colección: una serie de cromos de imágenes religiosas, juntadas primero en una bolsa de tela, luego en una caja; paso lentamente de las pocas imágenes tomadas por toda la casa, a la gran colección de relicarios comprados en muchos viajes de fin de semana e imágenes regaladas por la gente que veía en esa colección, el paso quizá a un futuro asceta  en la familia. 



Fig. 1. Imagen de la virgen de Guadalupe, perteneciente a la segunda colección, o también llamada en su tiempo: “Colección de Santos”; esta imagen fue tomada de entre las muchas que había en casa; es una litografía de 2. 5 por 4 pulgadas. Se observa que fue doblada en cuatro partes y un desgaste en el borde principalmente en las esquinas. La imagen por otro lado representa a la Virgen de Guadalupe y en la parte baja un paisaje del valle de Guadalupe con un árbol en primer plano y la Iglesia de la Villa en el fondo.






Fig. 2. Detalle del interior de uno de los relicarios recientemente recuperados. Se observan varias imágenes religiosas: del lado izquierdo La Virgen del Pueblito; del lado derecho el Señor de Chalma, San José y el Niño Dios, San Judas Tadeo y la virgen de San Juan de los Lagos; este es uno de los relicarios que se realizaron ex profeso, en cualquier tipo de contenedor: una cartera, un sobre de mica, un portacredenciales, etc.

miércoles, 15 de junio de 2016

LOS FAMOSOS Y NO TAN FAMOSOS EN MÉXICO . . .

Estaba recordando que además de Picasso y su visita no confirmada a México, hubo otros personajes famosos que también cobijados por las sombras y creando otras leyendas habían venido -supuestamente- a México; la lista es larguísima e incluye personajes desde Claude Monet y Ernest Hemingway hasta los mismísimos Beatles y su visita al pueblo de Santa Rosa; por otro lado la lista de los muy famosos que "si" han venido e incluso vivido en México podría llenar un libro completo. 
Esa lista de los muy famosos incluye artistas, músicos, escritores, actores,  etc, etc, etc. Desde luego todo mundo sabe de las aficiones que por México tenían William Burroughs, Jack Kerouac, Garcia Marquez, o incluso ese ya no tan  famoso -aquí- Malcolm Lowry.

Estaba pensando en ello la noche mientras acomodaba una de mis colecciones más extrañas, consistente en: "Cartas y Correspondencias Perdidas";  había comenzado como todo, sin querer, de manera inesperada, algo atrajo mi atención, algo que estaba esperando a que alguien volviera a leer las cartas, ver las fotos, admirar los timbres. La caja de las correspondencias, poco a poco se iba llenando; pensé en los famosos y no famosos mientras acomodaba mi colección, había una serie de cartas, invitaciones e incluso esquelas de una familia de Cuernavaca, partía de los años 30 y llegaba a bien entrados los setentas, entre los papeles había  una misiva escrita a mano, en un papel ya muy descolorido, estaba rotulado con el nombre del lugar a donde perteneciódecía en la esquina superior derecha: “Hotel Casino de la Selva”, si ese mitico lugar, cuna de muchas leyendas y alojamiento de tantos personajes famosos y no tan famosos que "si" estuvieron en México, el mismo lugar en donde a finales de los años treinta, Malcolm Lowry, escribió "Bajo el Volcan", ese libro, que tanto lo destruyo.

Fig.1. Detalle de la nada famosa Carta del Muy famoso Hotel.

lunes, 13 de junio de 2016

RECUERDOS DE ACAPULCO 4 . . .

Salimos de madrugada de la casa de Tlalpan, pasamos por la caseta que esta junto al famoso Colegio Militar cuando aún no amanecía, apretujados más por el frio que por el espacio, en el aún muy funcional Valiant Hard Top modelo 69, un carro bellísimo que por última vez nos llevaría a un paseo de vacaciones, pues sin saberlo, esas serían las últimas en que estaríamos todos juntos. El camino aún era largo y tortuoso, había neblina y en algún momento casi tuvimos que parar por la nula visibilidad.

Entramos a Acapulco por la cima, el camino largo, pero por el cual la primera vista del mar es sencillamente espectacular, la estábamos esperando todos asomados a las ventanas, apostando a quien seria el primero en verlo; esa escena nunca más se repetiría en la vida, fue sencillamente “preciosa”.


El Acapulco de esas vacaciones paso a ser uno de los referentes de la historia familiar por siempre; era común en cualquier platica hacer mención a alguna anécdota, había fotos por montones por todos lados, conocimos a la familia del amigo de mi tío, que tiempo después estuvo en el barrio de San Camilito, aquella mañana del 19 de Septiembre del 85, vivimos el tan ansiado paseo en el barco; muchísimos años después, en la última vez que fui a Acapulco, estando en el barco Bonanza, de noche, lo recordé todo una vez más.


Fig 1. La versión azul del Famoso Valiant Rojo.

Fig 2. Como debió ser.

domingo, 12 de junio de 2016

UN EPILOGO MAS….

MI PRECIOSA, PRIMERA EDICION…
EL DIARIO DE ANA FRANK.
La historia de la niña escondida con su familia durante la ocupación nazi, todo mundo la conoce, hemos visto en todos los años que siguieron a ese hecho histórico, películas, libros, documentales, y una gran cantidad de referencias colaterales a ese particular.
Cuando Papa y Roy vinieron hace unos meses, entre todo lo vivido, y muy vivido, estuvo, la enorme desesperación un día antes de que se fueran, precisamente el Jueves Santo, por encontrar una copia del libro “El Diario de Ana Frank”, que le había pedido a mi hermano por encargo de ese viaje, una de sus hijas… y así tal como un recorrido no de siete, sino de muchas casas, recorrimos, librerías buenas, muy buenas, malas y peores, sin éxito, sencillamente el libro estaba agotado.
Al siguiente día, ese ajetreadamente inolvidable Viernes Santo, incluso en el camino paramos en una tienda más y buscamos también en las múltiples librerías del aeropuerto de la ciudad de México, sin éxito; el agotamiento era real y total.
Tiempo después, en un tianguis al norte muy al norte de la ciudad, en uno de esos días en que la vida ponía en jaque mi propio existir, pase por el puesto de libros viejos del exsoldado, que siempre me ofrecía en venta cosas que yo no quería: una copia más de Mexico a través de los siglos, números viejos de la revista Vanidades, libros de Coelho; pero ese día me ofreció un verdadero tesoro. La primera edición del Diario de Ana Frank. Y digo la primera, porque, aunque ya se había editado en Amsterdam dos años antes, lo había hecho con el titulo: “La Casa de Atrás”, pero es en la edición Francesa, “la mia”, que toma el nombre por el que la mayoría de la gente la conoce.

Pagué el precio sin regateo, me fui a casa reconciliado con la vida, pensando solamente, que si las coincidencias existían esta era una de ellas, pero más que eso, que si los epílogos eran necesarios, este era el mejor para la historia de la última vez que vi a mi Papa y a mi Hermano.

Fig. 1. El famoso libro.

INTROSPECCION

En mi adolescencia cuando leía muchos
 libros a velocidad de vértigo, 
pensaba casi siempre al terminar un 
buen capitulo o un buen libro que, al leer, 
en realidad encontrábamos parte 
de nosotros mismos en la lectura; 
tiempo después y aun ahora pienso que, 
al escribir, no escribimos para los demás, 
sino para encontrar parte de 
nosotros mismos 
en la escritura.

Pensé mucho en aquella reflexión cuando me senté a seguir escribiendo aquella noche de sábado por la noche, cuando regresamos del cine; y lo pensé, porque sencillamente quería lograrlo, quería que la escritura me diera fuerza para poder vencer mis miedos y enfrentar a los demonios que ya tenían que irse de mí, lo había intentado todo este tiempo que había estado escribiendo libros notas y mi querido blog, y aunque al principio los documentos que lo conformaban eran casi siempre técnicos, ahora en esta etapa de introspección, quería seguirlo intentando; pensaba en ello, y en los días pasados cuando en casa con mi computadora y mi delicioso té, solo tenía en mente seguir escribiendo, escribir lo más posible, escribir a velocidad de vértigo, seguir dejando que parte de mi “yo” real saliera, tal como ejercicio del “grito primordial”.


Pensé también en ello, cuando me di cuenta que de publicar en mi blog lo escrito al menos en la última semana, llenaría páginas enteras, por semanas enteras, , entradas amplísimas de cosas que me parecían interesantes.
Lo pensaría, lo leería y quizá lo decidiría después, a pesar de todo, no sabía si valía la pena, todo aquello.

Fig. 1.