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lunes, 13 de junio de 2016

RECUERDOS DE ACAPULCO 4 . . .

Salimos de madrugada de la casa de Tlalpan, pasamos por la caseta que esta junto al famoso Colegio Militar cuando aún no amanecía, apretujados más por el frio que por el espacio, en el aún muy funcional Valiant Hard Top modelo 69, un carro bellísimo que por última vez nos llevaría a un paseo de vacaciones, pues sin saberlo, esas serían las últimas en que estaríamos todos juntos. El camino aún era largo y tortuoso, había neblina y en algún momento casi tuvimos que parar por la nula visibilidad.

Entramos a Acapulco por la cima, el camino largo, pero por el cual la primera vista del mar es sencillamente espectacular, la estábamos esperando todos asomados a las ventanas, apostando a quien seria el primero en verlo; esa escena nunca más se repetiría en la vida, fue sencillamente “preciosa”.


El Acapulco de esas vacaciones paso a ser uno de los referentes de la historia familiar por siempre; era común en cualquier platica hacer mención a alguna anécdota, había fotos por montones por todos lados, conocimos a la familia del amigo de mi tío, que tiempo después estuvo en el barrio de San Camilito, aquella mañana del 19 de Septiembre del 85, vivimos el tan ansiado paseo en el barco; muchísimos años después, en la última vez que fui a Acapulco, estando en el barco Bonanza, de noche, lo recordé todo una vez más.


Fig 1. La versión azul del Famoso Valiant Rojo.

Fig 2. Como debió ser.

domingo, 12 de junio de 2016

UN EPILOGO MAS….

MI PRECIOSA, PRIMERA EDICION…
EL DIARIO DE ANA FRANK.
La historia de la niña escondida con su familia durante la ocupación nazi, todo mundo la conoce, hemos visto en todos los años que siguieron a ese hecho histórico, películas, libros, documentales, y una gran cantidad de referencias colaterales a ese particular.
Cuando Papa y Roy vinieron hace unos meses, entre todo lo vivido, y muy vivido, estuvo, la enorme desesperación un día antes de que se fueran, precisamente el Jueves Santo, por encontrar una copia del libro “El Diario de Ana Frank”, que le había pedido a mi hermano por encargo de ese viaje, una de sus hijas… y así tal como un recorrido no de siete, sino de muchas casas, recorrimos, librerías buenas, muy buenas, malas y peores, sin éxito, sencillamente el libro estaba agotado.
Al siguiente día, ese ajetreadamente inolvidable Viernes Santo, incluso en el camino paramos en una tienda más y buscamos también en las múltiples librerías del aeropuerto de la ciudad de México, sin éxito; el agotamiento era real y total.
Tiempo después, en un tianguis al norte muy al norte de la ciudad, en uno de esos días en que la vida ponía en jaque mi propio existir, pase por el puesto de libros viejos del exsoldado, que siempre me ofrecía en venta cosas que yo no quería: una copia más de Mexico a través de los siglos, números viejos de la revista Vanidades, libros de Coelho; pero ese día me ofreció un verdadero tesoro. La primera edición del Diario de Ana Frank. Y digo la primera, porque, aunque ya se había editado en Amsterdam dos años antes, lo había hecho con el titulo: “La Casa de Atrás”, pero es en la edición Francesa, “la mia”, que toma el nombre por el que la mayoría de la gente la conoce.

Pagué el precio sin regateo, me fui a casa reconciliado con la vida, pensando solamente, que si las coincidencias existían esta era una de ellas, pero más que eso, que si los epílogos eran necesarios, este era el mejor para la historia de la última vez que vi a mi Papa y a mi Hermano.

Fig. 1. El famoso libro.

INTROSPECCION

En mi adolescencia cuando leía muchos
 libros a velocidad de vértigo, 
pensaba casi siempre al terminar un 
buen capitulo o un buen libro que, al leer, 
en realidad encontrábamos parte 
de nosotros mismos en la lectura; 
tiempo después y aun ahora pienso que, 
al escribir, no escribimos para los demás, 
sino para encontrar parte de 
nosotros mismos 
en la escritura.

Pensé mucho en aquella reflexión cuando me senté a seguir escribiendo aquella noche de sábado por la noche, cuando regresamos del cine; y lo pensé, porque sencillamente quería lograrlo, quería que la escritura me diera fuerza para poder vencer mis miedos y enfrentar a los demonios que ya tenían que irse de mí, lo había intentado todo este tiempo que había estado escribiendo libros notas y mi querido blog, y aunque al principio los documentos que lo conformaban eran casi siempre técnicos, ahora en esta etapa de introspección, quería seguirlo intentando; pensaba en ello, y en los días pasados cuando en casa con mi computadora y mi delicioso té, solo tenía en mente seguir escribiendo, escribir lo más posible, escribir a velocidad de vértigo, seguir dejando que parte de mi “yo” real saliera, tal como ejercicio del “grito primordial”.


Pensé también en ello, cuando me di cuenta que de publicar en mi blog lo escrito al menos en la última semana, llenaría páginas enteras, por semanas enteras, , entradas amplísimas de cosas que me parecían interesantes.
Lo pensaría, lo leería y quizá lo decidiría después, a pesar de todo, no sabía si valía la pena, todo aquello.

Fig. 1.

sábado, 11 de junio de 2016

PICASSO EN MEXICO...

A saber, de manera oficial, Pablo Picasso, jamás salio de Europa. El pintor español paso la mayor parte de su vida en Francia, y hasta donde se solo visito algunos pocos países europeos, nunca estuvo en América con la excepción de "dos ocasiones" que estuvo en México: la primera es en realidad casi una leyenda, fue una supuesta vez que estuvo por cuestiones amorosas en  Ciudad Juárez Chihuahua; la segunda, aquella vez en que la política mexicana y televisa lo trajeron –por medio de su obra- a principios de los años ochenta, unos diez años después de su muerte (1973).

En aquella ocasión, pese a que anhele con particular vehemencia pedirle a alguien que me llevara al recién inaugurado museo Rufino Tamayo, como ya he mencionado, ni siquiera podía hacerlo; inclusive se publicó un libro con las ciento y tantas obras  que se expusieron aquella vez, que obvio tampoco pedí y también anhele y tampoco tuve.


Luego pasaron los años y luego en la vida conocí algunas obras de Picasso de algunas de sus diferentes etapas pictóricas: de la etapa azul y de la etapa cubista, incluso de su etapa Rosa, en los grandes libros. 
Y un día, llego la era vintage y mi colección, y se buscó mucho y se encontraron grandes tesoros; y un día también al fin encontré ese anhelo de la infancia, cuando lo tuve, lo único que quise fue ver lo que nunca vi, eran “LOS PICASSOS DE PICASSO”, aquellos de cuando Picasso si estuvo en Mexico.

Fig. 1. Un tesoro mas para la colección, 
un anhelo mio al fin cumplido.

DE COLECCIONES . . .3

La colección de tarjetas postales, como tal, como la primer colección que tuve, como la única colección completa existente y continuada hasta hoy en día de mi infancia, sobrevivió a todo, lluvias e inundaciones, a la época del  estropicio, luchas  sociales, mudanzas, a la adolescencia, a otras colecciones y a mí mismo. 

Comenzó sin comenzar, con una misión, y luego comenzó sin casi darme cuenta; la primer tarjeta postal la compre la mañana que llegamos a la iglesia de Plateritos, en el atrio, lo recordé y lo agradecí muchísimos años después en el exvoto que colocamos, en la galería de los retablos, atrás de una puerta, una vez más muchísimos años después de esa mañana en que compre la primer postal.
Llevaba dinero que me dieron para el viaje de vacaciones, después compre más, quería cumplir la misión juntar todas las tarjetas postales de México; pero pronto me di cuenta de que la misión era casi imposible, eran tantas y tan diferentes; y así, estando solo y ya de regreso de las vacaciones, una mañana cambie la misión, si no lograría tener todas las tarjetas postales de México, al menos tendría una de cada lugar, feliz decisión, años después  me llevaría a conocer tantas cosas.

Las postales compradas las veía una y otra vez, aun sin saber leer, veía las descripciones que casi siempre estaban en la parte trasera; tiempo después, cuando aprendí a leer, lo primero que leí por decisión propia fueron dichas descripciones; disfrutaba mucho de ver mis postales, imaginaba historias, me contaba historias yo solo, era la época plena del ostracismo aspergeriano.


Fig. 1. La postal registrada con el 
numero 1 de la colección. Vista Panorámica 
de Plateros, Fresnillo Zacatecas.

viernes, 10 de junio de 2016

ESE JUNIO...

El año llegaba a su mitad, y yo escribiendo como nunca, deseaba seguir haciéndolo; las fuerzas flaqueaban el final parecía tan cerca… y odiaba la idea, por un lado me reconciliaba con el mundo, por otro estaba al borde de la tragedia. Anhelaba con todas mis fuerzas que todo lo bueno quedara, que mi memoria no terminara jamás, solo quería repetir:

Tráeme otra hoja… estoy inspirado.
Fig, 1. Ese junio.

DE COLECCIONES . . . 2

Todo comenzó con un sueño, aun lo recuerdo, fue siendo niño, muy niño, aun ni tan solo entraba en la escuela; era la época plena del ostracismo aspergeriano, repetir palabras hasta dejarlas bien claras en la mente, jamás hablar con nadie, callar incluso el dolor, tratar de hacer cuadrado al redondo mundo; y en el sueño una encomienda, una alegre misión: Juntar todas las tarjetas postales de paisajes sobre México que existieran. Si, tarjetas postales, esos cromos con fotografías de paisajes que había visto en viajes pasados; en las vacaciones cuando fuimos al itinerario familiar Plateros-San Juan de los Lagos; una tarde en el atrio de la iglesia de la virgen de San Juan, mientras comíamos dulces de leche, nos dieron dinero para gastar: yo compre una medallita triangular de la Virgen, para que me cuidara mucho, alguien –jamás supe quién- compro una tarjeta postal, que al término de las vacaciones, estuvo por todos lados en la casa; la vi muchas veces en el cajón de las camisetas, en la mesa de la cocina, tirada debajo de la cama, muchas veces en todos lados; y esa mañana que desperté de ese sueño, tan diferente a mis sueños anteriores, esa mañana con una misión fija, lo primero que hice fue buscar la tarjeta postal comprada en esas vacaciones; y como anuncio de lo que luego vendría, jamás la encontré.


Fig. 1. Medalla de la  Virgen de 
San Juan de los Lagos